La vía del ‘non profit’
Poco dados a divulgar malas noticias cuando ellos las protagonizan, a
los periódicos estadounidenses no les ha quedado otro remedio que admitir la
derrota. Desplazados por la Web, confirmada como el principal difusor de
información entre las clases digitales, hace un tiempo que sus propietarios
vienen reportando menguas en sus ingresos publicitarios y, sobre todo,
asumiendo la migración de sus lectores hacia el éter cibernético.
Pero por difícil que sea la tesitura por la que atraviesan, particularmente
complicada para algunos grandes como Los Angeles Times o el Boston Globe, la
situación dista bastante de ser terminal. Como reflejan sus balances, muchas
cabeceras disfrutan todavía de márgenes de beneficios muy superiores a los de
la mayoría de las industrias (hasta un 15 y un 20%, frente al 5% con el que
opera, por ejemplo, la firma más grande del planeta, la red de supermercados
americana Wal-Mart).
Entretanto, mientras prolongan su pulseada contra un futuro agorero, el recorte
de los presupuestos y el achique de las plantillas está permitiendo salir del
brete a la mayoría de las compañías editoras. En realidad, lo que de hecho
preocupa en un país reconocido por la excelencia de su prensa, no es tanto su
viabilidad económica como el efecto colateral, menos fácil de admitir, que
acarrea esa doble receta aplicada para enfrentar la crisis.
En el último lustro, desde las páginas de revistas gremiales tan influyentes
como la Columbia Journalism Review o la American Journalism Review, algunas
voces se han mostrado concernidas ante la pérdida de calidad del periodismo
que se produce en esta época de “vacas flacas” (una mengua que han asociado
a la falta de recursos en unas redacciones cada día más diezmadas).
En paralelo, las agrupaciones de periodistas denuncian mayores presiones:
particularmente, por la injerencia de unos gerentes a los que cuesta cada vez
más cuadrar los números. De acuerdo con una encuesta del Pew Research for
the People and the Press de 2004, un 66% de los periodistas consultados
afirmaban que las presiones para lograr beneficios estaba afectando a su
trabajo.
La “devaluación” del periodismo impreso ha motivado, incluso, que se esté
cuestionando su papel. Haciéndose eco de un sentir bastante común, el escritor
Daniel Akst se ha preguntado “si las organizaciones periodísticas de hoy están a
la altura de la tarea de mantener a esa ciudadanía informada de la que
depende la democracia”.
Ante un panorama inquietante que también se cierne sobre la televisión y la
radio, la alternativa de un viraje hacia un periodismo “no comercial” ha cobrado
fuerza. Sus valedores entienden que tomar ese derrotero permitiría al sector
preservar la independencia y, al mismo tiempo, aseguraría que las tribulaciones
por los ingresos no desvíen a la prensa de su verdadero compromiso.
“El único camino para salvar el periodismo consiste en desarrollar un modelo
que encuentre sus beneficios en la verdad, la vigilancia y la responsabilidad
social”, ha escrito Philip Meyer, autor del libro The Vanishing Newspaper.
El periodismo sin ánimo de lucro no representa una práctica nueva. En Estados
Unidos, instituciones exitosas como la agencia Associated Press o el
conglomerado de emisoras de National Public Radio funcionan como tales
(también algunos diarios locales señeros como el St. Petersburg Times o el
Christian Science Monitor). Lo inédito es que se plantee el non profit como una
vía para sacar del atasco a los diarios, que por tradición han sido medios con
vocación comercial.
Quizá la propuesta más osada la ha formulado el veterano periodista Lee Smith
al plantear que las universidades ricas como Harvard o Yale, que son a su vez
entidades sin ánimo lucro, deberían salir al rescate de aquellos rotativos
considerados bastiones del periodismo de calidad comprando parte de sus
acciones. De esta forma se evitaría que los ahogos financieros llegasen a
obligar al New York Times, por poner un caso, a hacer “demasiadas”
concesiones.
(Publicado en El Telégrafo).
Is There Any Chance Left For The Newspaper Business?
“Some companies may look for buyers, but it is not clear how much of a market for newspapers remains. (…) Others may seek shelter from market pressures by becoming nonprofit or going private; the Tribune Company recently did both. Other publishers, like the Washington Post Company and the E. W. Scripps Company, are shielded somewhat by having highly profitable non-newspaper holdings, but even they have made cuts”.
An Industry Imperiled by Falling Profits and Shrinking Ads, on The New York Times
Nonprofit Journalism
Read in an extensive article about the “state of emergency” of the journalism and how the newspapers turned from a watchdog to a lapdog of power. (Adbusters magazine No. 75).
“(…) Newspapers are crossing a dark valley in hopes that there’s another mountain on the other side”, says Mike Hoyt, executive editor of the Columbia Journalism Review. “In the late ’80s and early ’90s, newspapers made good profits and big chain saw them as a good investment. Now there’s compettion everywhere you look and the web has sucked up much of the classified advertising. It’s created a rough period and everyone’s looking hard for the economic model that will sustain the kind of journalism the world needs. Democracy requires quality journalism. Necessity is the mother of invention, and journalist are creative people. So I think we´ll find a way”
“(…) With Wall Street obviously unable to uphold its responsabilities of a public trust as important as the media, the idea of non-profit organizations acting as the new media stewards is increasingly gainig steam”.
“(…) The media can be done as a non-profit and it’s something that makes me salivate when I think about it”, says Charles Lewis, a former producer of 60 Minutes and president of the non-profit Fund for Independence in Journalism. “The concept is simple. There are a lot of immensely talented individuals who have nowhere to ply their wares journalistically and you have an educated and informed public in the US, Canada and around the world that want good journalism. What’s required is marrying those two up. It’s not rocket science, it’s simply a matter of cash and sustainability”.
