Obama nos reta
“Pero lo más llamativo de todo es que el ahora probable futuro presidente de la superpotencia sea el individuo que simbolice y ejemplifique los atributos más necesarios para que la humanidad algún día exilie la discriminación racial. Triunfador por excelencia durante su carrera estudiantil, hijo de un inmigrante keniano y de una mujer blanca de Kansas, Obama ha cogido con las dos manos, sin un complejo a la vista, las oportunidades que abundan en su país”.
John Carlin escribe sobre el ascendente que el mestizo Obama empieza a tener fuera de Estados Unidos en la lucha por dejar atrás el racismo.
El color de Obama nos reta a todos, en El País.
El sheriff más duro de América
Los furgones policiales para el transporte de detenidos en el condado de
Maricopa, en Arizona, llevan pintado en su carrocería un ruego para que
los ciudadanos denuncien, entre sus vecinos, a los inmigrantes sin papeles.
La llamada está escrita en un cuerpo de letra tan grande que parece del
todo improbable el pasar junto a uno de esos vehículos y no apercibirse del
mensaje. “No entres ilegalmente”, se lee en una leyenda impresa encima de
una reproducción de la clásica señal de stop.
Invitar a la delación de los irregulares de una manera tan vistosa
constituye una más entre las muchas ocurrencias del sheriff local, Joe
Arpaio, quien es conocido en Estados Unidos tanto por sus prácticas
“imaginativas” (obligar, por ejemplo, a los reclusos a vestir ropa interior
rosa; a modo de escarnio) como por su insobornable celo a la hora de
forzar el cumplimiento de la ley. Más en concreto, la migratoria.
Del ingenio de este hijo de italianos, como de la inquina con la que persigue
a los ilegales, habla la curiosa interpretación que Arpaio, conocido como
“el sheriff más duro de América”, hace de la legislación que pena el tráfico
de personas. La norma le vale al jefe policial, de cuya jurisdicción depende
un amplio territorio que limita con la frontera mexicana, como un
subterfugio para acusar a los espaldas mojadas de traficar con ellos
mismos.
Como contó recientemente un reportaje de la red de emisoras públicas
NPR que retrataba a este funcionario convertido en toda una celebridad en
su país, en su “caza al inmigrante” Arpaio acostumbra a ir más lejos que
sus colegas. Mientras que en los distritos vecinos, por poner otro ejemplo,
existe una directiva que establece que a los presos no se les debe preguntar
por su ciudadanía o su número de seguridad social, en los dominios del
sheriff de Maricopa esos datos proporcionan, por el contrario, un
efectivísimo recurso para “identificar” a quienes carecen de un permiso de
residencia.
Al igual que suele ocurrir con la mayoría de asuntos que dividen
agriamente a la opinión pública, como la tenencia de armas o el aborto, el
debate entorno a la inmigración se presta a un planteamiento maniqueo.
En vez de atacar el fondo del asunto, los debatientes, ya sean autoridades o
grupos de presión, se entretienen señalando con el dedo a los buenos y a
los malos. Hacerlo supone una estrategia más efectista; a la que se puede
sacar mucho rédito sin comprometerse.
Las maneras y la chulería de Joe Arpaio, que se ufana de no permitir el uso
del español en sus oficinas argumentando que en Estados Unidos sólo se
habla inglés, lo convierten en un personaje con todas las opciones de
triunfar en el casting para elegir al malo de la película. Pero frente a la
hipocresía general, la figura nefasta de este sheriff que ha sido objeto de
varios documentales y libros, tiene la “virtud” de hacer visible lo errada e
inconsistente que se revela la política migratoria de Washington.
La actuación del sheriff, que para más inri ocupa un cargo al que se accede
por votación popular, está amparada por la ley. Sus abusos, por más
excesivos que se antojen, son posibles porque el sistema normativo y la
justicia estadounidenses los toleran.
En algún momento Estados Unidos deberá plantearse seriamente si, como
pretenden hacer creer los grupos de defensa de los derechos humanos que
ponen en la picota a Arpaio, a la nación le preocupa la cruda circunstancia
que padecen los 13 millones de inmigrantes indocumentados que residen
dentro de sus porosas fronteras.
Esto último lo quisiera poder escribir uno a modo de pronóstico. Aunque
viendo la deriva que está tomando la política de migraciones yankee, que
cada vez empuja un poco más a los extranjeros hacia la economía
subterránea; después de comprobar la forma como cierta prensa y algunos
candidatos republicanos han demonizado a los inmigrantes durante la
campaña para la presidencia, uno ha de reconocer que antes que una
proyección lo anterior es, en realidad, una simple expresión de deseo.
Publicado en El Telégrafo.
La segunda oportunidad de Obama
“Al comienzo de la interminable campaña presidencial estadounidense, cuando su vertiginoso ascenso generaba entre propios y extraños tantas adhesiones como perplejidades, Barack Obama componía un personaje escurridizo de cuyo éxito nadie era capaz de develar las razones definitivas. Casi un año después, el ahora ya único aspirante demócrata para los comicios de noviembre asoma como una figura un tanto desdibujada que, aunque conserva todavía un extraño don para seducir sin apenas proponérselo, poco a poco se asemeja menos a ese líder que parecía destinado a renovar radicalmente los usos de la política de Washington”.
La segunda oportunidad de Obama, en El Telégrafo.
On US ‘Exceptionalism’
Understanding America: The Anatomy of an Exceptional Nation.
“Building on de Tocqueville’s concept of American exceptionalism, this collection of essays, contributed by some of the nation’s top scholars and thinkers, takes on the weighty task of sizing up America in a way its people and others can comprehend. Far more than simple history, they outline the current state of American institutions and policies-from the legal system to marriage to the military to the Drug War-and anticipate where these are headed in the future”.
Published by PublicAffairs.
More on The American and NPR.
El candidato de la esperanza
El título original era Obama, el candidato arco iris. Lo descartamos por el temor de que, equívocamente, diese a entender que el candidato demócrata a las elecciones USA enarbola la bandera reivindicativa del movimiento de gays y lesbianas. (También el arcoiris es -era- el emblema de la comunidades indígenas; al menos en Ecuador. Claro que la exposición de éstos es mínima: no es de extrañar que les comieran la tostada).
En Nuestro Tiempo, número de marzo.
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“As part of an information offensive in Iraq, the United States military has been secretly paying Iraqi newspapers to publish stories written by American troops in an effort to further the U.S. cause in Iraq. The articles, written by U.S. military “information operations” troops, are translated into Arabic and placed in Baghdad newspapers with the help of a defense contractor, according to U.S. military officials and documents obtained by the Los Angeles Times”.
More facts on The Fund for Independence in Journalism.



