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La utopía de Internet

Posted in about ssel, el telégrafo, green card, internet by ssel on June 22nd, 2008

Por muy definitivas que hayan sido las desilusiones que nos ha deparado la Historia,
ninguna crisis ha conseguido quebrar la querencia humana a creer en las utopías.
Si hace algunas décadas hubo quienes vieron en la ecología el anuncio un tiempo de
redención, últimamente los heraldos de la esperanza han redibujado su atlas para resituar
esa tierra promisoria, o una variante más light, en el vertiginoso orbe de Internet.
Miradas las cosas con perspectiva, pocos programas salvíficos han prometido tanto como
la Web 2.0. Al menos en el orden del conocimiento (que es, para los entusiastas de los
bits, como lo fue para los escolásticos, el auténtico humus de la libertad).
En sus sucesivas encarnaciones, Internet ha aspirado a erigir una democracia horizontal
flechada hacia la participación constante y la recreación solidaria de la verdad, donde las
elecciones deberían ser más que nunca. (Todo ello sin censuras, al menos de entrada, y
sin más filtros que la propia tecnología).
Se podrá atender a esta visión con reserva, objetar que excluye a los millones de personas
que no pertenecen a las clases digitales, pero resultaría demasiado voluntarista negar los
avances del universo etéreo de la world wide web.
Basta con rebobinar la película para convencerse de que nunca había sido tan sencillo
tomar la iniciativa para el hombre común. De eso se jactan, hasta la complaciencia, los
nuevos libertos que se comunican vía chat sin necesidad de franquear fronteras o pedir
permisos; que compran y venden en línea sin recurrir a intermediarios comerciales; esa
generación interconectada que difunde sus propias noticias y opiniones sin esperar a que
éstas pasen por el cedazo de los mass media.
Quizá porque no podía ocurrir de otro modo, el momento álgido en la extensión del credo
cibernauta ha coincidido en Estados Unidos con la multiplicación de los reparos al
evangelio de los Gates y cía.
Aunque solo sea porque la tecnofobia constituye un acto reflejo, Internet siempre ha
tenido sus críticos. Lo extraordinario es que las objeciones se concentren ahora en rebatir
el mismo corazón del naciente utopismo. A saber: la especie de que lo virtual, al promover
la participación y una difusión no fiscalizada de las informaciones, estaría alumbrando una
versión inédita de ciudadanía.
En los últimos dos años, un par de libros con títulos elocuentes, El culto al aficionado y
Contra la máquina, han delineado con buen trazo el revés “siniestro” de la Web 2.0. En el
primero, el escritor inglés Andrew Keen argumenta que Internet, lejos de favorecer el
conocimiento, estaría propiciando la mera circulación de “observaciones superficiales”
(más tras la eclosión de los blogs).
En Contra la máquina, el crítico cultural neoyorkino Lee Siegel señala que la Red, antes
que liberar a sus usuarios, lo que hace es mantenerlos cautivos; bien identificados en sus
preferencias y gustos, de forma que sea más sencillo convertirlos luego en targets
publicitarios.
A esa corriente se ha sumado estos días Nicholas Carr desde la influyente revista
estadounidense The Atlantic, para describir las contraindicaciones que entraña el uso
intensivo de las tecnologías en los quehaceres intelectuales y el comportamiento
compulsivo que genera el abuso del mail y el messenger.
“Antes era un submarinista en el mar de las palabras”, dice Carr, quien reconoce haber
pasado buena parte de la última década on line, restando más y más tiempo a la lectura
de fuentes alternativas como los libros. “Ahora me deslizo por su superficie como un
esquiador acuático”.
“Los medios no son cauces pasivos de información”, escribe este antiguo editor de la
Harvard Business Review en un artículo titulado “¿Nos está haciendo Google más
estúpidos?”. “Ellos suministran la materia prima para el pensamiento, pero también
moldean el proceso de pensar”, razona. “Lo que parece que está haciendo la Red es
achicar mi capacidad de concentración y contemplación”.
Lo sorprendente sería que, además de arruinar nuestra capacidad de atención, el sueño
libertario de Internet acabase ahogando además la propensión humana a confiarse en las
utopías. Aunque muy probablemente, para esa pulsión, como dice el poeta sobre el
optimismo, no exista vacuna.

Publicado en El Telégrafo.

The sinister side of the Internet

Posted in internet, libros, web 2.0 by ssel on January 18th, 2008

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Lee Siegel is a writer and cultural critic well know by his bitter postures. In Against The Machine (Being Human in the Age of the Electronic Mob), develops an impassioned polemic attacking the culture of the Internet.

These are some extracts of the review of the book published in The New York Times.

“Though Mr. Siegel is hardly the first observer to deem this a sinister side of Internet culture, he turns out to be an impressively tough, cogent and furious one”.

“He asks, in brief, why we are living so gullibly through what would have been the plot of a science-fiction movie 15 years ago. Why does the freedom promised by the Internet feel so regimented and constricting? Why do its forms of democracy have their totalitarian side? What happens to popular culture when its sole emphasis is on popularity? How have we gone “from ‘I love that thing he does!’ to ‘Look at all those page views!’ in just a few years”? Mr. Siegel links all these questions to a fundamental assumption about the Internet, one that has been widely posited by other analysts: that it is a liberating entity, one that generates endless opportunities for creative endeavor”.

“He is quick to insist that most of those opportunities boil down to business matters, and that “the Internet’s vision of ‘consumers’ as ‘producers’ has turned inner life into an advanced type of commodity”.